El Museo de La Plata
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Las momias egipcias del Museo

Las momias egipcias fueron adquiridas por Dardo Rocha, fundador de la ciudad de La Plata, quien las trasladó desde el museo de Boulacq y luego las donó al Museo de La Plata a principios del siglo pasado. El grupo esta compuesto por dos sarcófagos y un llamado “paquete funerario”.

Todos los restos pertenecen a la “Época Tardía”, un período histórico que tuvo lugar hace 2300 años y coincidió con dominio de las últimas dinastías faraónicas sobre el valle del Nilo. Aún así, su procedencia geográfica no ha sido determinada con exactitud, pero se supone que fueron extraídas de una necrópolis cercana a la ciudad de Menfis, por entonces capital de Egipto.

En 2010 las, momias fueron trasladadas desde el Museo de La Plata al hospital público Doctor Federico Abete, del Municipio de Malvinas Argentinas, con el fin de realizarles un examen no invasivo en un tomógrafo multicorte. Estas observaciones permitieron, entre otras cosas, profundizar los estudios sobre las técnicas de momificación y las probables causas de muerte.

El equipo de especialistas estuvo encabezado en ese momento por el Doctor Fernando Abramzon, Jefe del Servicio de Diagnóstico por Imágenes del Hospital Abete, y por el Doctor Héctor Pucciarelli, Jefe de la División Antropología del Museo de La Plata e investigador superior del Conicet.

Estas investigaciones complementan los estudios a cargo del Dr. Eduardo González Toledo, realizados con una tecnología similar durante la década del 80 en un sanatorio privado de la ciudad de La Plata.

Particularidades

Dentro de los ataúdes se encuentran una momia femenina, Tadimentet, y otra masculina llamada Herwodj. La restante es una especie de composición funeraria con características muy distintivas que se pudieron apreciar durante los estudios con el tomógrafo.

La simpleza del ajuar funerario de Tadimentet y Herjwodj se diferencia de los entierros de la clase dominante egipcia de aquellos tiempos, en los cuales la ornamentación y los objetos de mejor calidad se colocaban en tumbas de piedra. En el caso de las momias del Museo, las sepulturas eran directamente en las arenas del desierto.

Las inscripciones sobre los ataúdes tenían un propósito más espiritual que estético, ya que al ser consideradas de origen sagrado aseguraban la comida, bebida, vestimenta  y preservación del entierro en su nueva etapa ante a los dioses del Nilo. Asimismo, permitían conservar el nombre, lo que les aseguraba la existencia extra terrenal.

Dadas las características de las sepulturas, las personas que yacen dentro de los sarcófagos probablemente se dedicaban a las tareas agrícolas, lo que les permitió acceder a un entierro de este tipo. Quizás también hayan sido soldados de reserva o “machimoi”, a quienes se les concedía una porción de tierra para cultivar libre de impuestos.

Los procesos de momificación


Los antiguos egipcios pensaban al cuerpo como una parte inseparable en la conformación del hombre en su totalidad espiritual, inclusive después de la muerte. Es por ello que se lo protegía de la degradación y la descomposición utilizando complejas técnicas de momificación, que se encontraban estrechamente vinculadas durante todo el proceso a rituales sagrados llevados a cabo por sacerdotes.

Los rituales y procedimientos de momificación fueron descriptos por Heródoto hace más de dos siglos, detallando algunas de las técnicas utilizadas en los cuerpos que se encuentran en el patrimonio del Museo, confirmadas por el estudio realizado a través del tomógrafo.

En el caso de Herwodj, se utilizó un gancho o alambre curvo que fue introducido por la nariz para extraer el cerebro, se rellenaron las órbitas de los oculares con rollos de lino y se colocaron ojos artificiales para naturalizar la apariencia del cuerpo. El resto de los órganos se retiró mediante un corte en la parte izquierda del abdomen y se reconstruyó el pene con madera o lino.

Tadimentet fue momificada de una manera que despierta un interés científico particular porque es una técnica aún en discusión entre los investigadores del Antiguo Egipto. El método consistía en el relleno de la cavidad craneana con resinas y la disolución de las vísceras con una sustancia introducida por el ano que luego se extraía ejerciendo presión en el torso.

En ambos tipos de entierros, los cuerpos eran cubiertos con natrón, una sustancia mineral que deshidrataba las partes blandas y dejaba solo piel y huesos. Luego de consumado el proceso de conservación, se aplicaban vendajes con capas de resina para adherirlos firmemente al cuerpo y, en el caso de que los hubiere, se volvían a colocar los órganos extraídos dentro del cuerpo.

La colección de momias egipcias se completa con una especie de “paquete funerario” que resulta ser un cráneo envuelto en vendas de lino y al que se le simuló un cuerpo con yeso y restos vegetales. Tiene características inusuales probablemente porque fue momificada luego de su descomposición o después de haber sido vandalizada por saqueadores de tumbas.

Quizás haya sido un cuerpo recuperado en un campo de batalla por sus familiares, haya sufrido una muerte en circunstancias especiales a manos de los cocodrilos o se trate de un ahogado en las aguas del Nilo. En esos casos, el cadáver recuperado se consideraba sagrado y era momificado por sacerdotes del lugar donde se lo hallaba.

Las momias del Museo de La Plata y los estudios con tecnologías modernas no invasivas, permiten conocer sobre las prácticas funerarias del Egipto antiguo, preservando los restos y contribuyendo a la divulgación de la colección que se encuentra custodiada en la institución y forma parte del patrimonio cultural argentino.

Los resultados del estudio fueron publicados en un artículo de la Revista MUSEO, elaborado por Diego Santos y María Dazio, investigadores de la División Antropología del Museo de La Plata y del Centro de Estudios del Egipto y del Mediterráneo Oriental, CEEMO, titulado “Prácticas funerarias del antiguo Egipto”.

 
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