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Estudio revela secretos de cocodrilos extintos de Vaca Muerta
Investigadores del Museo de La Plata y del IDEAN presentaron un novedoso estudio utilizando tomógrafos sobre cocodrilos marinos de la Era Mesozoica hallados en el yacimiento de Vaca Muerta, Neuquén. Los resultados fueron publicados recientemente en la prestigiosa revista científica PeerJ.
Yanina Herrera y Marta Fernández investigadorras de la División Paleontología de Vertebrados del Museo de La Plata.

Cuando hablamos de la Formación Vaca Muerta, generalmente la primera imagen que se nos viene a la mente es la de una enorme cuenca esteparia del sur argentino, aquella que resguarda ingentes cantidades de petróleo y gas shale bajo su superficie.

Pero además de reserva de hidrocarburos no convencionales y desierto ventoso, la Formación Vaca Muerta es un importante yacimiento de fósiles de origen marinos del Jurásico y Cretácico, -herencia de su pasado remoto como lecho oceánico-, entre los cuales se hallan los metriorrínquidos,  un grupo de cocodrilos que vivieron en ambientes marinos abiertos.

Si bien los fósiles de este grupo son conocidos y estudiados en forma regular, entre los especímenes que se encuentran conservados en el Museo de La Plata, se destaca un ejemplar tipo, único en el mundo y objeto de análisis complejos como el que le practicaron los autores del trabajo publicado en PeerJ.

Marta Fernández y Yanina Herrera, especialistas de la División Paleontología de Vertebrados del Museo, y Juan Martín Leardi, investigador del  Instituto de Estudios Andinos “Don Pablo Groeber” (IDEAN) de la UBA realizaron un estudio basado en la creación de modelos virtuales tridimensionales del cráneo de dos cocodrilos extintos.

“El trabajo es sobre un grupo de cocodrilos acuáticos,  predominantemente marinos, del Mesozoico” –llamados Thalattosuchia- “en el cual se estudió en detalle el neurocráneo o caja craneana, es decir los elementos óseos que protegen el encéfalo, los órganos de los sentidos y las estructuras blandas que contiene en su interior”, indicó Herrera. 

Este análisis sobre los espacios que eran ocupados por los tejidos blandos como el encefálo, los nervios, los vasos sanguíneos y el oído interno,  se realizó “utilizando imágenes obtenidas por tomografía computada con las que se crearon modelos tridimensionales del neurocráneo y de estas estructuras”.

Un cocodrilo especial

Los Thalattosuchia, cocodrilos que vivieron en cuerpos de agua en América, Asia, África y Europa, están representados por dos familias; una es Teleosauridae, que incluye formas muy parecidas a algunos de los cocodrilos que conocemos en la actualidad, y la otra es Metriorhynchoidea que incluye a las formas marinas, los metriorrínquidos.

Los metriorrínquidos son los únicos arcosaurios –grupo que incluye a las aves, los cocodrilos, los dinosaurios y los pterosaurios-, completamente adaptados a la vida en mar abierto. Sus características físicas los hacen fácilmente diferenciable de otros cocodrilos vivientes y extintos, ya que posee un perfil hidrodinámico, miembros anteriores cortos y modificados en aleta natatoria y ausencia de placas óseas, entre otras características, que evidencian claramente la adaptación a la vida en el mar. 

Estudio novedoso

Herrera, Leardi y Fernández  estudiaron dos especímenes de Thalattosuchia como representantes de estas dos familias con el objetivo de evaluar si sus diferencias morfológicas, aquellas que permiten distinguirlos entre sus parientes extintos y los actuales, también se veían reflejadas a nivel neurocraneal.

Herrera sostiene que “los resultados obtenidos en este trabajo, más evidencias aportadas en trabajos previos, permitieron sugerir que varias características morfológicas son comunes a todos los Thalattosuchia”.

Los metriorrínquidos de ambientes marinos abiertos y los teleosáuridos de ambientes cercanos a la costa, tienen esqueletos distintos, pero dentro de sus cabezas los cambios no son tan evidentes. Analizadas bajo el tomógrafo, sus principales características endocraneanas como la presencia de un sistema vascular bien desarrollado, ausencia de pliegues en el encéfalo y reducción del sistema neumático paratimpánico, entre otras, son muy parecidas en todos estos cocodrilos extinguidos. 

“En el trabajo propusimos que el sistema vascular cefálico bien desarrollado no sólo estaba relacionado con la función secretora de las glándulas salinas, sino que también desempeñó un papel en la termorregulación cefálica” dice Herrera.

La termorregulación es importante ya que “estos animales habrían vivido en ambientes templados y este sistema vascular bien desarrollado podría haber actuado para disminuir la temperatura del encéfalo” para asegurar su supervivencia, añade la especialista del Museo de La Plata.

De la misma manera, la investigación permitió reconocer diferencias dentro de los Thalattosuchia que no habían sido tenidas en cuenta anteriormente e incluso fueron pasadas por alto. La nueva información morfológica sobre el interior de los cráneos de estos animales servirá para complementar otros estudios de taxonomía, filogenia y paleobiología.

Aunque estas interpretaciones, más allá del estudio publicado, “deben probarse a la luz de la nueva información sobre arcosaurios actuales y extintos, desde un punto de vista paleobiológico estos cambios indudablemente tuvieron consecuencias para la biología de estos animales”, concluyeron los autores.

La pieza tomografiada

Esta investigación se centró –entre otras piezas-, en el material tipo de Cricosaurus araucanensis, un ejemplar proveniente de sedimentitas jurásicas de la Formación Vaca Muerta de la provincia de Neuquén, precisamente en la zona del Cerro Lotena, y que se encuentra conservado en la colección de Paleontología Vertebrados del Museo de La Plata.

Cuando se descubre una nueva especie (extinta o actual) , además de darle un nombre científico, uno de los ejemplares debe ser seleccionado por el autor de la nueva especie y debe ser depositado en un Museo de Ciencias Naturales para actuar como “material tipo u holotipo".  

El holotipo del Cricosaurus araucanensis  tomado para el estudio fue hallado en el año 1972 durante una campaña llevada a cabo por investigadores del Museo, y consiste en un ejemplar casi completo compuesto por cráneo, mandíbula y elementos del postcráneo y con muy pocas evidencias de deformación, esta última característica fue la más importante al momento de realizar el análisis de tomografía axial computada.

 

17/12/2018

 
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