El Museo de La Plata
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El carnaval chiriguano-chané
En esta celebración la máscara tiene un gran protagonismo. Permite adquirir una personalidad transitoria, romper la barrera de los vivos y los muertos.

En el norte de nuestro país, las agrupaciones chiriguano y chané se ubican en pequeñas aldeas entre las sierras, rodeadas de selva y, en verano, tienen un clima húmedo y caluroso.

Los chiriguano son de filiación tupí-guaraní y los chané, arawak, ambos de origen amazónico.  Como resultado de intensos procesos de intercambio, estos grupos conforman el complejo chiriguano- chané amalgamado por su lengua y aspectos culturales compartidos tales como la celebración del carnaval.

El “arete”, como denominan a la fiesta, comienza cuando en el monte aparecen las primeras flores amarillas del taperiguá, árbol al cual se le adjudican atributos sagrados. Así, funciona como un marcador del momento festivo, ya que el evento durará hasta que las flores se marchiten, aproximadamente un mes.

Como todo ritual, el carnaval, encuentra sus fundamentos en un mito que le otorga sentido a las acciones y figuras.  Ésta es la única ocasión donde se recurre al enmascaramiento. Acto a través del cual se transgrede el límite entre el mundo natural y el sobrenatural, entre los vivos y los muertos, entre la persona y el personaje que se representa. Es durante esta celebración que los chiriguano-chané establecen contacto con sus muertos.

Las máscaras


El ritual comienza con la confección de las máscaras, denominadas genéricamente aña-aña . Los jóvenes chané, se internan en el monte portando sólo un machete y un cuchillo. Allí buscan un samóu, palo borracho, cuya madera presenta la particularidad de ser blanda y fácil de tallar. A veces recorren varios kilómetros hasta encontrarlo y, una vez hallado, realizan el trabajo en absoluta soledad para que, durante la ceremonia, nadie pueda reconocer a su portador.

Las máscaras son muy variadas, con formas de animales, figuras humanas, dibujos geométricos, caladas y pintadas. Algunas se caracterizan por tener una prolongación encima de la cara, a modo de “peinetón”, llamada hanti. Para la decoración se utilizan colorantes naturales: el blanco se obtiene de un caracol, el negro del carbón vegetal, el verde de las hojas de ají, el amarillo y rojo del fruto del movió uruku. Durante el carnaval, además de la máscara, el chané envuelve su cabeza con trapos y viste pantalón, camisa y un largo y pesado poncho de lana que porta durante toda la ceremonia.

Los chiriguano han incorporado otros materiales para la confección de sus mácaras, tales como  trapos, cartones, cueros o pieles y llevan guardapolvos o impermeables. Todos portan adornos hechos con la flor del carnaval  lo que otorga un color atractivo a la fiesta.

Las mujeres son las encargadas de preparar la chicha de maíz que es una bebida fundamental para el desarrollo de la celebración. Mientras que algunos grupos de varones organizan conjuntos musicales con flautas, tambores, bombos y cajas.

En cada aldea hay un jefe del carnaval responsable de la organización de la fiesta. Cuando el jefe toca una corneta inicia la celebración. Los jóvenes se disfrazan, se reúnen en el monte, hacen música y beben chicha. Luego, los enmascarados se dirigen a la población bailando. 

A medida que se acerca la fecha del carnaval oficial, llamado carnaval grande, los bailes y reuniones se realizan durante el día y la noche, casi sin interrupción. 

En los últimos días del carnaval, una simbólica pelea entre dos hombres disfrazados: el toro, que representa al español, y el jaguar, al pueblo indígena, dramatiza la confrontación cultural y militar que sostuvieron. Luego, la comunidad persigue al toro que siempre resulta vencido.

Una vez finalizado el carnaval es necesario despojarse de todo el simbolismo. Por eso los hombres rompen las máscaras, se desprenden de las ropas y se bañan, aludiendo al sentido de purificación. 

El Dr. Enrique Palavecino, un destacado etnógrafo que concentró sus investigaciones en los pueblos originarios del Gran Chaco Salteño, visitó los grupos chiriguano y chané en 1947 y 1949 con el fin de observar el desarrollo del carnaval. “Los tambores pasaron y en silencio total se oyó el golpe seco de las máscaras de madera que rompían sus dueños golpeándolas contra los troncos de los árboles. El carnaval había terminado, en ese instante nos lanzamos a la compra de las máscaras y pudimos rescatar muchas de la destrucción ritual”.

La División Etnografía del Museo de La Plata cuenta con más de cien máscaras recolectadas por Palavecino, muchas de ellas se exhiben en la Sala “Espejos Culturales”. Los visitantes pueden apreciar el valor estético y simbólico de estas máscaras que fueron utilizadas en la celebración del carnaval.


Más información:

- Eco, Umberto y otros. Carnaval. México, F,C.E, 1987
- Dragoski, Graciela. Sobre máscaras y enmascarados en la celebración del carnaval chiriguano-chané. Biblos. 2000
- Newbery, Sara y Manuel Rocca. El carnaval chiriguano-chané. En Cuadernos del I.N.A, Buenos Aires, Nº8, 1972
- Palavecino, Enrique. La máscara y la cultura. Ediciones de la Municipalidad de Buenos Aires. 1954
- Reca, María Marta. La máscara chané. Catálogo descriptivo de la colección Palavecino. Departamento de Etnografía. Museo de La Plata. 1996

 
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